sábado, 17 de noviembre de 2012

Historias de Año Nuevo

Año nuevo!
Todo el mundo espera al año nuevo con mucha emoción...
...pero hay alguien que siempre tiene una razón para brotar una lagrimita ese día, exactamente a las 12 (las primeras horas del día 01 de Enero)
Esta es su historia...




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Todas las niñas siempre son muy sensibles. Ella no era la excepción.
A sus cortos cinco años había "crecido" de manera abismal.
Había sido su madre y su padre (a pesar de que los tenía, y muy vivos que estaban).

Era día 31 y se despertó temprano como siempre. Con pijama aún se dirigió al comedor y escuchó fragmentos de la típica conversación del día 31... la conversación entre la madre y la abuela...

- Ya, cenamos temprano y luego nos vamos al club a esperar al año nuevo.
- Y, la nena? A dónde la vas a dejar?
- Ah verdad! Si la llevo va a estar fastidiando para que la traiga a la casa y no va a querer dormirse allí sobre las sillas... ah que fastidio! Mmm, no sé dónde dejarla... quién querrá quedarse este año con ella?

Asomada en el umbral de la puerta, la pequeña pensaba por qué diablos la habían tenido entonces... a ella técnicamente considerada como "EL FASTIDIO"...

- Por qué no llamas a su padre para que se la lleve a su casa?. Dile que si quiere la traiga pasado mañana... -señaló la abuela.
- Es buena idea...

Ella mientras tanto se aburrió de ver pegada a la puerta y se sentó tristemente en la grada de la entrada. Ya sabía lo que seguía...

- Pero Gonzalo, ella es hija tuya también! Deberías estar con ella siquiera un día!.

Mientras tanto, ya resignada, la pequeña suspiró y apoyó la cabeza en la pared. Seguía escuchando...

- El idiota ése no quiere llevarse a la nena. Ahora donde la dejo? Y si llamo a mi hermano? A lo mejor se pueda quedar con ella, no?
- No creo. - dijo dubitativa la abuela. El se iba con todos los chicos a Máncora...
- Ah! Qué cólera! Deberían existir guarderías en año nuevo! - exclamó con un tono muy molesto la madre.

Ella seguía escuchándolo todo desde su sitio. Y, en ese momento, la tristeza una vez más, se había apoderado de su pequeño rostro pecoso.

 Mientras tanto, una coqueta gota de agua asomaba por sus grandes ojos negros…

Y pensaba:

"Por qué nunca puedo pasar un año nuevo normal? Con mi padre o mi madre, como la gente normal?... O es que acaso... soy anormal?" - Y se miró las manos y las piernas descubiertas, comprobando a detalle no ser verde ni tener lunares azules, esas cosas que tenían los seres de otro planeta...

La voz de la abuela interrumpió sus pensamientos.

- Bueno eso si te digo. Si tú no encuentras a nadie que se quede con ella, yo me voy sola y te quedas con tu hija. A mí me importa un pepino, por ella no me pierdo la jarana! Así que tú veras... y no pienses en llevarla porque no me voy a regresar temprano por la cojudita. No me jodas la noche.

En eso una idea invadió su mente. Este año podría ser diferente. Sí. Podría ser distinto! Ella lo cambiaría. (Sonrió)
La inspiración divina sí que existía y era definitivamente una gran cosa!.
Así que decidió hacerle caso y llevar a cabo el plan… su plan

Rápidamente, al escuchar los pasos acercarse a la puerta, corrió al dormitorio y se acostó en la cama cerrando los ojos como si durmiese plácidamente...

- Oye flojonaza, levántate. Ya es tarde.

Y pesadamente y restregándose los ojos se levantó. (Ya sabes, para disimular...)

- Dónde quieres quedarte en año nuevo?
- No quiero ir a ninguna parte, quiero quedarme contigo, aquí.
- Ay no!. No me vengas con esas cosas. Que aburrido! Apúrate, piensa en alguien. Que yo por ti no me quedo acá ni muerta! -dijo impaciente la madre.
- Pero yo quiero ir a ningún lado… - dijo ya sin disimular la pena
- Te lo advierto… no me vas a joder hoy. Ya me jodiste bastante la vida para que ahora me hagas esto!. Todo el tiempo piensas en ti. Eres un monstruo! Hoy no desayunaras…

Y se fue tirando la puerta tras de sí.

La pequeña se quedó fría, en la cama, sentada, pensando… por qué algunas personas tenían que nacer sino eran bienvenidas en este mundo...?

Y sin desearlo, sin pensarlo, sin quererlo, sus manos se juntaron inconscientemente y exclamó entre sollozos:

-“Niñito Dios, si existes realmente déjame que se cumpla mi deseo de estar con ella hoy. Es un día, sólo un día te pido. Deja que por lo menos un día sea feliz y esté con ella. Por favor, te lo ruego…
Y cayó inclinada sobre sus rodillas extendidas, llorando ríos y mares.

Y el agua que salió de sus ojitos negros quemó sus mejillas y mojó sus sábanas verdes que tuvo que secar con una secadora (a escondidas) para evitar la golpiza.

****

Eran las cinco de la tarde. Ella estaba sola y aún no había almorzado, sólo había comido un pedazo de queso y jamonada que había en la refrigeradora. 
El estómago le sonaba.

Hasta que por fin llegaron las dos. Su madre y su abuela vinieron con varios paquetes que pusieron sobre la mesa y abrieron con gran algarabía.

Era un montón de guirnaldas multicolores y sobreros amarillos todos igualitos para la fiesta de año nuevo.

Eso quería decir entonces, traduciendo del chino mandarín al español, que el Niño Dios no existía y que ya le habían conseguido dónde quedarse. Su sueño, el de quedarse con ella esa noche, era ahora un sueño trunco. Todas sus esperanzas estaban por los suelos!

Sintió entonces que la cara se le caía y se rompía en mil pedazos.

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“Tristeza. Tú que entras a la fuerza luego de acechar por las ventanas.
Vete de mi vida, vete volando…
Desaparece. Hazte humo y déjame ir que quiero sonreír,
Desde adentro muy adentro y aquí en mi corazón…”


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Y como en una película se vio a sí misma, mirando con tristeza los objetos típicos de año nuevo. Ese año nuevo del diablo al cual ella odiaba ya con todo su corazón.
E iba a llorar nuevamente embargada por la tristeza cuando de pronto, sonó el teléfono. Las esperanzas nunca se pierden y en su breve diccionario de vida, ya sabía que eso era un hecho. Así que rápidamente se dirigió al teléfono, implorando un nuevo suceso: algo que cambiara su desafortunada noche de año nuevo.

La voz de la tía Clara al otro lado de la línea la hizo despertar de su trance. Con voz muy imperativa le pidió que le comunicara con su madre.

-Mamá, teléfono para ti. La tía Clara quiere hablar contigo.

Y se quedó allí, quietecita junto al teléfono.
Vio como su madre cambiaba de color: Primero blanco, luego rosado, luego rojo, luego azul, luego violeta… una gama muy amplia. Recién se enteraba que los rostros se podían colorear tanto. La miraba maravillada. Ella no sabía que se podía hacer eso.

Pero cuando su madre colgó el teléfono, sintió que un dolor extremo proveniente de la oreja izquierda la sacudía de un extremo a otro sin parar.

-Todo es tu culpa, muchacha de mierda. Te odio. No sé por qué diablos te tuve.

 Y la tiró al suelo.

Tanto dolor sentía que no podía levantarse.
Los gritos que de la boca de su madre emanaban los escuchaba muy lejos, muy distorsionados. Y levantó su cabecita sin entender nada mientras su madre seguía gritando y gritando.


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“Inventaremos juegos para no sentirnos tan tristes
Y gritaremos nuestros nombres para no perdernos
En esta inmensa soledad que es mi hogar…”


****

A veces, después de tantos golpes te pones a pensar que uno mas no va a ser la diferencia.

A veces, después de tantos gritos piensas en que tal vez sí, lo merecías y por alguna razón extraña eres la culpable sin realmente serlo.

A veces, muchas veces, ella pensaba en eso.

Sentada en el mueble antiguo de pana verde se abstraía, se convertía en un lindo y tierno colibrí y volaba haciéndose amigo de todas las flores que le daban su rica miel.
Pero los sueños, sueños son y las realidades lamentablemente pesan y muy duro. Demasiado para su aún débil espalda.

-De nuevo estas allí llorando? Qué tonta eres! Ponte a ser algo productivo, pequeña parásito.- dijo su madre.

La pequeña volteó a mirarla largamente. Ella no era todo eso que su madre decía. Le enseñaría que no era todo eso; pero, para eso, tenía que pasar tiempo con ella. Sólo un poco de tiempo a solas para hacerla sonreír y cambiar de opinión.


****
Cuando su abuela dejó la casa para irse a la fiesta. Ella se puso muy feliz por su 50% de guerra ganada. Se fue corriendo a su cuarto, a vestirse rápidamente con su vestidito rosa, sus mediecitas cubana y sus zapatitos de charol que adoraba. Una ocasión especial merecía sin duda un vestido! Y se arregló el cabello como mejor pudo y se colocó los aretes de flor que le gustaban. Se miró al espejo y comprobó lo linda que lucía. Cogió entonces un poco de dinero del cofrecito junto con la llave de la casa, para ir a comprar a la esquina los chocolates que más le gustaban a su mamá.

Salió y volvió sin ser vista. Su mamá preparaba chocolate para taza en la cocina con cara de muy pocos amigos. El cielo del patio se iluminaba en mil colores por los fuegos artificiales y eso era muy lindo, muy inspirador.

-No te preocupes mamá. Hoy te haré pasar el mejor año nuevo de tu vida. Te lo prometo!

Y corrió a su cuarto rápidamente, para buscar lo que necesitaba entre tanto desorden.
Y con un lazo y un pedazo de celofán que consiguió, envolvió los chocolates y los guardó en el pequeño bolsillo del vestido. Sonrió nuevamente. Después de esa noche ella iba a lograr que su madre le quisiera más. Era un hecho!


****

Las cosas nuevas siempre causan asombro.
Era el primer año nuevo en casa y la sensación era genial, era invaluable.

Prendió la radio y se puso a bailar feliz.
Ayudó a poner la mesa y tomó todo lo que su madre le sirvió.
Le contó del colegio y de sus amigas. De los dibujos que había hecho y de los programas que le gustaban.

A las doce vinieron los vecinos, y compartieron panetón. La conversación se tornó hermosa y veía animada a su madre. Los niños del barrio reventaban los cohetes que se alzaban al cielo haciendo ruiditos graciosos. Y ella bailó, cantó, gritó y correteó como nunca. Y así, de esta manera, fue niña de nuevo.

Y la mañana se venía estrepitosamente. Los ánimos se calmaban, y las cabezas familiares se iban retirando a sus casas. La calle se vació. El silencio comenzó a reinar.

Y cuando la última cabecita, el último repentino invitado se fue. La nena contenta cerró la puerta y alegre la miró a su madre que yacía parada en el medio de la gran sala.

Con una gran sonrisa en el rostro, le mostró su pequeño regalo sacado del bolsillo.

-Esto es para ti. Te lo compré con mucho cariño porque te quiero.

La madre la miró sin expresión. Cogió el paquetito de chocolates entre sus manos aún sorprendida.
La nena seguía hablando…

-Y sé que te divertiste porque sonreías y nunca te vi tan feliz y me gustó que sea conmigo. Te dije que te iba a hacer pasar el mejor año nuevo de tu vida.

-Qué? – dijo gritando su madre - Tú estás loca? Si nunca he pasado un año nuevo tan deprimente como este. Nunca he odiado tanto algo como hoy y es por tu culpa!

Y salió de la habitación llevándose su ira y dejando la pena; tirando el paquete que dejó libre los chocolates, que rodando, se metieron bajo los muebles.

Ni con todos los golpes, ni con todos los gritos, nunca, nunca había sentido un dolor tan grande ahí en el pecho.
Nunca.


  


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