jueves, 4 de octubre de 2012

La verdad tras sus ojos

Para el niño de mis ojos


-"Qué se oculta detrás de tus ojos rasgados?
Detrás de tus lentes de metal?
Del cerquillo que cubre tu frente? Quisiera saber..."

Ella lo miró fijamente. Estaba echada de lado con las manos cerca al rostro sobre la almohada. Se veía tan hermosa pero tan distante.
Y sus ojos, otra vez fríos, parecían no haber respondido a la interrogante y seguían fijos mirando un punto en la nada.

-"Quisiera saber..."

Ella volteó medio cuerpo y suspiró.
Ahora sus ojos, de color verde y amarillo, miraban el techo de la habitación rosada, sin decir nada por supuesto.

Y el silencio nos comió la lengua por mucho tiempo. Yo la miraba a ella y ella miraba... no sé qué miraba...
La indecisión era su problema y el mío la inseguridad: la de no tenerla.

-"Por qué? Por qué nunca dices nada?"

-"Porque no hay nada qué decir"- dijo ella tranquilamente.

-"Es que no sé como hacerte feliz?"

-"Simplemente no digas nada, no hagas nada, no pienses nada... así me haces feliz, quedándote así." -y esbozó una sonrisa triste.

-"Qué extraña eres?"

-"Bueno, dime quién no es extraño?"

Y ahora yo suspiré hondamente. Miré el techo buscando lo que ella estaba mirando. Y en un momento todo el huayco de ideas vinieron hacia mi.

"Que sería mi vida sin ella?"-dije para mí. "Sería más fácil, sin problemas, sin pruebas difíciles, sin acertijos, sin indecisiones, sin dudas, sin querer crecer."

Y entonces lo volví a pensar. El iniciar algo con ella no había sido lo complicado. El estar con ella eso sí era lo complicado!

Y pensé en que ya no importaba todo el resto, todo sus círculo, toda mi burbuja. Ella era así y toda esa revolución de ideas y melancolía y demás me encantaba. Aunque renegara, me encantaba...
Era lo que más me gustaba de ella. Su perfecta imperfección, ése punto en el cuál la asimetría hacia lo suyo. Entonces comprendí que haría lo posible por no perderla.

La nube de deshizo cuando ella interrumpió y dijo:

-"Pero un día te aburrirás de mi. Todos lo hacen. Y te seré insoportable. No me querrás ver y me dejarás. Huirás despavoridamente y yo lloraré y lloraré y formaré ríos y mares y lagunas, y sufriré y el corazón se me paralizará..."

Y sus ojos tristes ahora miraron hacia abajo, ocultando su creciente miedo.

-"Entonces haré lo necesario. Y, si en caso fallo, y te hago llorar, aprenderé a nadar y llevaré un flotador para ti. Y si el corazón se te paraliza, me convertiré en el médico que sane todas tus heridas."

Y ella me regaló una cálida y tierna sonrisa con los ojos llenos de lágrimas.



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