jueves, 1 de diciembre de 2011

La verdad acerca de la Mermelada

A la mermelada,
ese dulce delicioso que acompaña la tostada, la galleta, el pan...


La mermelada, esconde bajo su seno una verdad tenebrosa para muchos y muy normal para ella misma.

Porque la mermemelada es de fresa aunque aparenta ser de limón, muy agria al probarla, al hablarle, al escucharle reir.

Porque la mermelada parece entre neurótica e histérica, perdida en los puntos que conforman una línea muy gruesa
saltando de un lado al otro, llamando la atencion (sin quererlo), encantando (sin pretenderlo) y conquistando paladares (sin proponérselo).

Sin duda para algunos la mermelada asusta por su dulce querer y su amargo odio. La mermelada, el dulce predilecto de mi tostada, esta cansada de ser consumida, de perder energías vanamente, de dejarse ver sin ser vista y probar sin ser probada.

A la mermelada, esta mermelada, nunca entendida, nunca realmente conquistada, se le pasa vida tratando de entender a los sabores, de encontrarle sus colores, de disfrutar y percibir sus olores.

La mermelada, dulce y suave manjar, se muere de fría por su textura gruesa y tosca; parece toffee u otra cosa (sin realmente serlo), muta en el tiempo, muta ante esos ojos inamovibles sin pestañear, cambia tanto pero de manera tan sublime, tan suave, tan poco perceptible...

Quién lo diría, quien pensaría que esta mermelada solo sufre de incomprensión.

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