jueves, 17 de febrero de 2011

La espera

Hacía frío aquel día.
Según yo, era el más frío día de aquel invierno. Tenía puesto como dos polos, mi chompa y mi casaca y aún tenía frío. Estaba sin duda con la presión baja.
mmm, mal síntoma!. Eso indicaba que estaba nerviosa o preocupada... y sí, sí lo estaba pero...
Daba vueltas atravesando el pasadizo una y otra vez, mientras fumaba para supuestamente yo "tranquilizarme". Mala técnica, malísima, pues no estaba dando resultado.

Mi ansiedad provenía de ella: Andrea, después de diez años regresaba de viaje.
Ella era como mi hermana, era una extensión de mi cuerpo... era mi apéndice, mi riñón... era mi vesícula sacada a los 18, embalada en una bolsa y enviada directamente por Fedex a Estados Unidos.
Eso era ella y por fin vendría.

La recordaba mientras caminaba por el largo pasillo. Cómo estaría? No la veía ni le hablaba hacía muchos años. Y podría ser estúpido y romántico pero propio de nuestras almas gemelas, ponernos a prueba y esperarnos encontrar un día determinado a una hora aproximada en el aeropuerto, sin haberlo confirmado, sin haberlo hablado recientemente, sin nada de nada. Queríamos jugar a la Rayuela.

Las horas parecían pasar lentamente, muy lentamente. Yo al borde de un atarque de nervios, comiendome todas las uñas que ya no tenia y él, apoyado a lo lejos de una baranda, me observaba por encima de su libro dejando ver apenas sus lentes rectangulares negros.

Me quedé parada cigarrillo en la mano pensando en los dos mundos que se habían juntado desde ya cuatro años. En que a pesar de estar tanto tiempo juntos, habíamos llegado al extremo de divertirnos en una habitacion sin siquiera hablarnos o mirarnos.
Pensé en las noches que pasamos juntos arrecostados uno junto al otro, con la música de nuestra respiración, iluminados sólo por el farol de la calle que entraba por las persianas... en esos momentos de angustia en que creo que está tan lejos a pesar de que esta tan cerca...
Dos sistemas planetarios que se entrelazan continuamente para intercambiar habitantes, jajajaja. Sonrío en mi mente, y no me estoy mirando pero sé que lo estoy viendo con la cara de perrito degollado. Ahora me mira.

-Auchhhh!!!!!!!!!!

El cigarro me quemó los dedos y Antonio se ríe de mi tierna estupidez. Rápidamente y sonrojada, miré al costado, pretendiendo que nada había pasado, pero era imposible eso... ya me habia quemado... lo que faltaba una-huella-mas!

Apoyada en la baranda observé la puerta de salida de pasajeros. Ya eran las 6! Ya debería haber llegado. El único avión que venía de Miami había aterrizado a las 4 y 30pm y ya debería haber salido!!

Le hice una seña a Antonio y me rasqué la cabeza como signo de desesperación e impaciencia. El se contrajo de hombros. A veces me era difícil saber si le importaba, más aun cuando hacía eso. Respiré media descorazonada.

Entré a la capilla un rato para sentarme, y desde alli observaba a lo lejos al niño de mis ojos. Qué estaría pensando ahora?
Y mi impaciencia se mezclaba con mi ansiedad, con mi incertidumbre. A lo mejor ya no jugábamos mas ella y yo. Ya la distancia nos había matado.

No sé cuanto tiempo estuve sentada pensando en esas cosas. Lo que sí sé es que fui botada de la capilla cuando apareció un cura queriendome consolar. Qué cara de muerto tendría!
Apresuré el paso y desde el umbral lo vi otra vez a él.
Seguía leyendo su libro! Parecía en trance.

Parada alli en el medio del pasadizo pensaba, habría advertido que ya no estaba a su lado revoloteando?
Chequé la hora en el celular. Ya eran las 8pm. No vendría, ya no... Ella me había olvidado. Había olvidado la promesa que me hizo. Había olvidado nuestro encuentro.

Me acerqué pacienzudamente y con el alma desmoralizada, hacia el cuerpo de mi amante que seguía leyendo. Y, a un metro de distancia suya nada le parecía inmutar.
Miré de nuevo hacia la puerta de embarque, el hecho de que no viniera significaba algo pero qué?

Un suspiro largo, brotado a través de mis labios, cortó nuestro momento de distensión.
Pero aún así el no volteó.
Un frío aire refrescó mi cabeza hasta hacerme estremecer. Y cual revelación ante mis ojos lo comprendí todo...
No importaba cuán lejos o cerca estemos, igual siempre estábamos muy lejos. Andrea no era única que se había olvidado de mí. Lamentablemente -y aunque me dolía aceptarlo desde hacía ya algunos meses-, él ya me había dejado, de alguna manera...

Entonces mi mano esculpió cada uno de sus cabellos y mis labios carmines rozaron su mejilla.

-Adiós!- susurré.

Era mejor así...
Mejor y aunque me doliese.

1 comentario:

  1. Feliz un mes mas Antonio! (suerte tienen algunas y muy poco criterio otras, no?)
    Espero que algunas veces pienses en mi, asi como yo en ti. Aun te recuerdo bastante.

    Y si decides dar un paso, yo puedo estirar el brazo...

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