domingo, 30 de enero de 2011

S/T 2

No me explico la crueldad de tu corazón!
Es que no tienes una pizca de consideración!
No se a dónde vas ni de dónde vienes... mi corazón se me arruga cual pasa marchita de tan seca. Me escribes, hoy ya no me escribes. ¿me odias o no?
Mientras tanto las aves revolotean y sueñas tocarlas para ser feliz,
para que esas aves kamikases acaben con tu vida y se coman a picotasos lo que aun te quedaba de corazón. Miras hacia el horizonte desolado, mi imagen se vislumbra a través de la niebla...
Y estoy ahí sin estarlo, sin quererlo, ni sentirlo.
El miedo a enfrentarnos nos hace dueños del mutismo absoluto, ganadores del premio más alto, del mismo que antes nos hizo subir las escaleras de tu cuarto.

Me acusas de sentir demasido y también de no observar, detalles minimos y absurdos importantes en la escena según el director exigente.
Y me olvidé que en esta historia -al igual que en las otras-, tan solo tú diriges, produces y hasta escribes el guión.
¿Como pensar algo que solo podemos sentir para degullir?

Me acusas de malas elecciones, de neuronas no recicladas desde la infancia.
Y es que mi realidad se sazonó con detalles frívolos aprendidos y dotes de niña buena a la violencia de un golpe o desprecio.

La realidad se vuelve fantasía y ésta le quita protagonismo nuevamente a la falta de cordura. Y no es una excusa decir que te olvidas de detalles de error de fabrica que se dieron y se siguieron dando desde hace muchos años. De allí el origen de la realidad entonces transformada por la vista miope y astigmática de la damisela de Jutlandia.
Por eso es que siempre miré mal, observé mal, pensé mal, era obvio que acabaría decidiendo mal!

Y ahora cuatrocientos años después
con el cabello cano y las arrugas ganadas en la frente
me pregunto si cogeras por fin tu balanza y nos escucharemos alguna vez.
Sé que alguna vez debes de pensar en mí.
Que alguna vez cuando estas con ella debes de acordarte de mi como yo a veces lo hago por ti.
Y salgo a caminar, por las calles recortadas por el viento que golpea mi cara una y otra vez
el tiempo pasa y nos hemos quedados congelados.
Y aunque piense tal vez que fue mejor.
Y aunque tu pienses que tal vez fue mejor
Sin embargo la dea sigue circulando por nuestra mente en tren, teniendo rutas diversas y algunas coloridas y otras en sepia.
Y es por eso, que tal vez sin quererlo, nunca nos dejaremos ir.
La comodidad y la tranquilidad que ella te hace sentir ahora no te puede durar para siempre. Si no es un temblor a tus emociones, si no trae nada nuevo o emocionante a tu vida entonces seguirá siendo igual y te sentiras como pasando el tiempo. Esperando a que pase la tempestad de un amor ido tatuado permanentemente en la piel. Y es como imposible porque no se va, no se termina nunca de ir. Cada cierto tiempo resucita y se transforma. A veces pienso que es inmortal!

Y a la vejez ya no tengo mas miedo, ni de hablar, ni de pensar, ni de admitir lo que francamente siento.
Espero sinceramente que tu tampoco. Ya basta de jugar a las escondidas.
Aceptemos que ya nos hemos encontrado desde hace tiempo.