viernes, 6 de agosto de 2010

Alejandra, Diego y yo. Parte 1.

Falta cuarenta minutos para que se cumpla un día entero desde que no sé nada de él.
Es un día feriado con un sol hermoso adornando las calles; sin embargo, sobre mi cabeza aún no hay rasgos del día soleado con nubes despejadas, de esas un tanto extrañas que no hay en Lima.
Es un día feriado, y estoy sentada frente a la computadora media deprimida (porque no contestas el telefonito de mierda), y media molesta (porque sé que estas con ella gastando el tiempo que deberías invertir conmigo).

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Alejandra
Alejandra llegó de viaje un día lunes, es decir hace cinco días. Ale -como él le solía decir-, dejó atrás una vida en Panamá para venir a verle a él: Diego, quien hasta hace algunos días antes de su llegada, era mi enamorado y quien me decía hasta el martes, que me quería y que yo era la persona mas especial y cariñosa que él hubo alguna vez conocido.
Alejandra había conocido por una página social a Diego hacía tres años. Eran cibernovios hasta el año pasado en que vino a Lima y se comprometieron.
Alejandra era de estatura pequeña, ojos color cafe y piel trigueña. Tenía un hijo, Fernando, que Diego había prometido cuidar y adorar hasta la muerte; una muerte en la cual él no creía por supuesto!.
...Alejandra creía que él era su héroe.

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Diego
Diego vivía con el alma partida de dárselo a tantas personas.
Diego quería a la música un tanto más que al aire, a la tierra y a la mar. Quería cualquier cosa pero más a él.
Diego sentía que Alejandra estaba presente en su mente (pero como físicamente estaba lejos), él compartía su cuerpo cada noche con cuanta damisela se cruzara por su camino.
Diego era muy versado en las artes amatorias, sabía ser un gentleman y al mismo tiempo el patán de la esquina: todo según los requerimientos personales de la "víctima".
Diego había prometido casarse con Alejandra y compartir el resto de su vida con ella; pero el resto de su vida era mucho tiempo. Además, él tenía su vida paralela en Lima con sus amigas cariñosas y su amor proveniente de una noche de tragos.

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Yo
Cuando conocí a Diego yo no creía en el amor y, sinceramente, no tenía ganas de enamorarme de alguien. Quería dedicarme de integro a mi trabajo y a desarrollarme como persona... llevaba así dos años... con una vida de sombra y envidiando a las parejas caminar de la mano en un día con sol.

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Diego y Yo
Mi vida era muy solitaria hasta que él llegó. Cuando lo vi por primera vez debo confesar que no me gustó su look, pero me deslumbró su manera tan desenfadada de ser. Era lindo, gracioso y le gustaba leer.
Congeniamos casi al instante y salimos durante unos meses.
Vivía en un sueño que no quería despertar. Así que cuando me dijo para estar, yo volaba en una nube coposa.
Recuerdo que me había mencionado que a su última enamorada la había conocido por internet y que se iban a casar pero que habían terminado porque se dio cuenta que eso no era para él -y menos ella-, además estaba yo, y su mundo era mi mundo.
Las horas pasaban rápido cuando estábamos juntos. Nos encantaba pasear, caminar por todas partes y sentarnos a la mitad de la calle para ver el mundo pasar a nuestros pies.
Disfrutábamos de las noches de los sábados viendo películas abrazados y riéndonos de todo hasta terminar por los suelos, abollados por las sesiones de cachascán intenso que nos prodigábamos.
Nos gustaba jugar, cambiar de roles y coquetearnos, mordernos y pellizcarnos hasta que la piel se enrojeciera...
...para nosotros ese tiempo eterno de juego y amor era la felicidad personificada.

Pero Felicidad dejó de visitarme desde la noche del miércoles antepasado cuando Diego tocó la puerta de mi casa y...

3 comentarios:

  1. Que!!!!!!!!!! pero que sigue!!!!! si quieres junto gente para patearlo!!!!!!!!!!!!
    shiguemy

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  2. Sería muy bueno no? Lo estoy considerando seriamente....

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