martes, 20 de julio de 2010

Re-pen-san-do

Muerdo mis uñas pensando en que estarás pensando.
Son la una de la mañana y no puedo dormir pensando en eso. Pregunto y tengo miedo a escuchar la respuesta.
Llega la mañana, mi ansiedad aumenta. Mis labios se resecan, mi saliva se hace amarga y mi cuerpo empieza a temblar: estará con ella ahora?
Pienso y repienso. Mi cabeza quiere explotar de desesperación. Te busco inútilmente entre la hierba del jardín y quiero sentir, en el aire enrarecido, el olor de tu morena piel.
Y mientras tanto el martilleo mental, las dudas locas y las ansias malignas se alborotan y me toman como rehén.
Y muero de tan sólo pensar que sueñas con sus labios, con tener su cuerpo junto al tuyo y de querer morir en su regazo todas, todas las noches de tu finita vida.
Y vuelvo a morir de sólo pensar que no fui yo y que no fue suficiente el haber estado juntos.
Entonces comienzo a preguntarme por qué no se dejaron huellas, por qué el mar se llevó los restos que quedaron en la playa, y por qué te empeñas tanto en espantar a las aves de los cielos.