viernes, 23 de julio de 2010

La parábola sobre las "Conversaciones estúpidas". Capítulo 1. Versículo 1. Evangelio según San Pedro.

En pleno debate absurdo de cosas sin sentido me encontré hoy con mi peor es nada... para variar!
La conversación se tornó turbia cuando mencioné algo relacionado a las relaciones de los llamados "amigos cariñosos" o los "amigos con derecho" como yo le suelo decir.
Yo planteaba que el asunto no era tan fácil como él lo veía, sino que en verdad era algo medio complicado, ya que uno de los dos podía estar templado de esa otra persona; pues en su mundo mágico-maravilloso esa otra persona, el "amigo" en cuestion, sí estaba con él, no?.

Y bueno... el debate se encarnizó.
A ese paso yo me preguntaba, desde la soledad de mi casa y la estupidéz de una computadora, qué tanto podía ser nuestro malestar por un tema que no venía al caso y, cómo era posible que pudiéramos "invertir" tanto el tiempo en hacer cosas innecesarias.

Uno, dos, tres,... los minutos seguían pasando y la cosa se volvió negra.
No entendía de razones y se pasó de "no pienso eso", a un "ya no me escribas nada", y un "no me da la gana".
-"Gosh! que tal inmaduréz de su parte!"- pensaba yo.
Sí, sé que soy conchuda en decir eso pero... ACEPTÉMOSLO HAY GENTE PEOR!

Ante la no señal de vida de mi interlocutor, comencé a postear cosas en su página social, cosas que iban por el sendero del "no seas inmaduro, vamos a conversar".
Al parecer, algo tan maduro de mi parte le pareció muy inmaduro a su parte; por lo que las próximas líneas fueron una sentencia que me causó un friecito frio en la frente -esos que te causan estremecimiento aún en las piernas-.
-"Me sigues enviado huevadas y te elimino".-escribió.

Miré absorta la pantalla del ordenador. En verdad era eso lo que me escribió o es que al fin había llegado yo a la locura y estaba alucinando?
Pero es que no me lo podía creer! que se habría creído ese jilipollas para escribirme aquello!
Qué nivel!
Además para tanto como que no era!. No le comprendía. Nuestro manual del entendimiento mutuo cayó sobre el suelo incendiándose de manera rara. El era ahora un ser extraño, no le conocía.
Me tomó unos segundos reincorporarme de mi viaje al extremo inferior derecho de mi diafragma, osea: al hígado. De mi viajecito brotó aún ingenuamente -y tímidamente-, lo que quedaba de madurez mental según el evangelio de Audrey.
Como buena jutlandiana soñadora y jodida, seguí posteando, pero mas para joder que otra cosa, mensajillos absurdos que incluían caramelos de mango y otros menjunges.

A los pocos instantes, la señal del fuckin' chat se cerró con un mensajillo subversivo que sentenciaba "Te lo advertí".
Me quedé helada...
(Recién leía en verdad el Evangelio según San Pedro)
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