lunes, 21 de junio de 2010

Reflexiones sobre Eduardo

Eduardo, déjame decirte que eres un misterio detrás de todos esos libros y esas historias ilusas y mentiras absurdas que solíamos ilustrar con palabras dificilísimas y artilugios absurdos propios de mentirosos compulsivos pero no confesos.
Me atrevo a decir ahora -cuatrocientos años después-, que me declaro CULPABLE, DE PENSAMIENTO, PALABRA, OBRA Y OMISION, por mi culpa, por mi culpa y mi gran culpa.
Te mentí muy grandemente durante cinco de los seis meses que estuvimos juntos en Alsacia... pero quería que protestaras, que me agarraras, me obligaras... a ser straight, a ser leal, a ser sólo tuya. Y no necesitaba, simplemente toneladas de azúcar en chocolatitos derretidos por el amor NO!Sòlo necesitaba que no me necesitaras.
La señorita en cuestión editaba vuestros escritos, veía sus películas, ofrecía sus, según usted, "acertadísimos comentarios" (que elevaban su alter-ego), y escuchaba sus melodías favoritas, alimentando vuestra biblioteca musical con discos extraños propios del gusto de la orate.
La señorita en cuestión también era su alumna sacrificada y conejillo de indias por vocación a la hora de personificar papeles extraños durante las noches de insomnio que los acosaban.
La señorita en cuestiòn... sòlo consiguiò de usted unas cuantas velitas misioneras prendidas los dìas domingos a la hora de la misa. (yo creo que debiste `mantenerlas apagadas)
Eduardo, Eduardo... tus cuadros, tus libros, tus diarios. Eres un misterio detràs de todos esos cuadros.
Si hubieras venido con manual...
Si hubieras sabido leer mi manual...