domingo, 18 de abril de 2010

El Príncipe

El era el chico más guapo del mundo. (Bueno, del mundo que yo hasta ahora había visto). Estaba parado allí junto al poste, esperando igual que todos.
Solo, entre el bullicio de Green Avenue... un punto amarillo, en el cielo negro inmóvil, que esperaba.
El cabello rubio le caía sobre los hombros, la corona de esos hombros delgados pero fuertes. Sus ojos garzos quietos mirando hacia las luces, parecían no pestañear. Estaba dormido acaso?
Un viento coqueto le besó el rostro y... oh! pestañeó!. Sí, ahí estaba con su polo amarillo y sus pantalones jeans.
Sentada frente a la carnicería me preguntaba si el mundo giraba en la misma frecuencia para los dos.
En eso me miró. Me miró! y fui feliz, la mas feliz!
"Mi falda matziguenga le habrá gustado o le habrá dado risa? o es que tengo un bigote de ketchup sobre los labios? fuck! no me di cuenta... "
Pero sus dientes asomaron entre sus labios de nuevo y tal vez ésa no era una casualidad.
Los de la carnicería también me miraban...
"Qué? He perdido la falda?... no niña ahí sigue"- me dije luego de comprobarlo rápidamente con las manos.
Había pues llegado el momento de gloria, cuando el príncipe descubre a la princesa en medio de la turbera, en medio de la jungla enmarañada. Entre piratas, fantasmas y brujas: yo era una princesa, una princesa de verdad... o algo, cualquier cosa ante sus ojos.
El instante de magia desapareció cuando el carruaje metálico llegó. Y se perdió entre la multitud. Se fue, se esfumó.
Y así retornó a su reino, el muchacho dorado que vino de vacaciones a conocer una princesa de carne y hueso, a alguien quien compartiera el alma de la tierra y el corazón del viento.
Y solos, solos entre la multitud, de nuevo nos perdimos.

(Key West, Marzo del 2009)