sábado, 17 de abril de 2010

A: Diego Valenzuela. Calle de las Aldabas, 515. Lima . Perú

Hola
Tenía muchas ganas de escribirte. Te extrañé mucho.
Te extrañé a pesar de todo, sabes? A la risa desde adentro, las conversas intelectualonas, los discos antiguos, los cafés... todo.
Desde ese tiempo me he sentido un poco sola y triste. Fue muy duro para mí la muerte de Gabriel. Y sí, posiblemente vivían en fantasía: "un sueño de opio", como tu decías.
Y sí, posiblemente le llamaba diferente pero era porque quería evitar mencionar el nombre de su padre. Tú sabes bien por qué.
Que no fui buena madre no te lo niego. Gabriel era como un apéndice, algo ajeno pero propio. No lo entendía y tampoco quería entenderle. La pena es que se tuvo que enfermar para tenerlo cerca. Y tú y tu egocentrismo idiota que te hizo sentir celos, y ser irascible a sus berridos, a sus lágrimas, a su cuerpecito sonrosado, a sus pañales, a su olor a leche... No te diste cuenta que lo deje en un hospicio por tí? Yo no era buena madre y quería que me tuvieras sólo para tí y yo tenerte sólo para mí.
Te perdoné lo de Paola, porque siempre cada noche volvías a verme. Al principio pensaba que ella era sólo tu "chocolate con panetón"; pero cuando la navidad fue cada mes, y luego cada semana, tuve miedo a perderte. No entendía cómo ella, esa mujer flacuchenta, sin gracia y con aires de diva-sabelotodo, podía causar ese efecto perverso en tí. Es cierto, yo nunca leí tanto como tú (o ella) y que siempre tenía "un-libro-más-que-leer" pero podíamos aún así conversar por horas, recuerdas?, mientras mirabas mis faldas agitarse con el viento de las seis en el muelle, o mientras tomábamos café y mirabas mis rizos caer y yo veía tus ojos fijos en mil metros, perdidos y difusos; y creía que me amabas lejos de las paredes del empapelado cursi de florecitas del viejo hotel: ése que no sabíamos por qué diablos olía a galletas morocha.
Pero bien dijo alguien que nada es eternamente primavera. Y llegabas tarde, bañado, sin hambre, de mal humor y te recostabas a mi lado, ponías tu cabeza en mi pecho y entonces dormías largo y profundo. Entonces mis deseos intensos de querer fondearla desaparecían: total, tú estabas conmigo al final del día no?.
Tus amigos, mis amigos. Las eternas reunas nocturnas, unos buenos discos, conversaciones indefinidas, tu percepción de Paola, mi baile estrambótico... rincones llenos de todos.
Supe después de tiempo que para ese tiempo ya se habían dejado. Debía ser abril, no?
Recuerdo que fue mejor luego, hasta que Gabriel enfermó. nos quedamos sin un sol bajo una pieza machiembrada de arriba a abajo: tu cárcel...mi cárcel.
Entonces mi "humor infantil" y mi look fresa te irritaba ya... y Gabriel, y tus releídos libros, y tus hojas sueltas, y lo carcomido de la madera.
Y ahora que lo pienso, todo era una excusa: querías deshacerte de mí. y vaya que lo hiciste! Aún recuerdo ese día... Gabriel gritan-llorando, yo ensimismada en quitarle el vómito de encima mientras tu reclamabas silencio eterno. Y no se cómo pero te fuiste! Lo recuerdo como si fuera ayer, pero ya no duele. (por lo menos no tanto)
Y yo allí parada, frente a la puerta que dejaste abierta, con Gabriel en brazos y echa un desastre: sin dinero, sin amor, sin apoyo. Muchas gracias! Tus patadas me sabieron muy bien y en especial cuando Gabriel se murió. No tenía dinero para pagar el cajón y encima el casero que jodía con la renta que siempre pagabas pero nunca en físico.
Pedro me dijo que le preguntaste por mi, que le dijiste que me extrañabas pero era mejor así...
También me dijo que te tiró un trompazo y que te mandó al carajo por lo que me hiciste.
Ah! Supiste que me acosté con él? Sabías que siempre me quiso en secreto? él fue el primero en ayudarme... tu gran amigo, quién lo diría!
No sé por qué diablos me buscas ahora... después de haberme dejado de esa manera. Andate al único sitio donde te sabes ir: "al carajo!", tómate un café con cianuro y que te chanque el tren, el bus o lo que sea.
Esta babosa medio intelectual, de humor infantil y harto fresa te ha quitado de su vida hace mucho tiempo y de manera inevitable.
Hasta nunca (no sabes cuánto quería decir esto)