domingo, 18 de abril de 2010

El Príncipe

El era el chico más guapo del mundo. (Bueno, del mundo que yo hasta ahora había visto). Estaba parado allí junto al poste, esperando igual que todos.
Solo, entre el bullicio de Green Avenue... un punto amarillo, en el cielo negro inmóvil, que esperaba.
El cabello rubio le caía sobre los hombros, la corona de esos hombros delgados pero fuertes. Sus ojos garzos quietos mirando hacia las luces, parecían no pestañear. Estaba dormido acaso?
Un viento coqueto le besó el rostro y... oh! pestañeó!. Sí, ahí estaba con su polo amarillo y sus pantalones jeans.
Sentada frente a la carnicería me preguntaba si el mundo giraba en la misma frecuencia para los dos.
En eso me miró. Me miró! y fui feliz, la mas feliz!
"Mi falda matziguenga le habrá gustado o le habrá dado risa? o es que tengo un bigote de ketchup sobre los labios? fuck! no me di cuenta... "
Pero sus dientes asomaron entre sus labios de nuevo y tal vez ésa no era una casualidad.
Los de la carnicería también me miraban...
"Qué? He perdido la falda?... no niña ahí sigue"- me dije luego de comprobarlo rápidamente con las manos.
Había pues llegado el momento de gloria, cuando el príncipe descubre a la princesa en medio de la turbera, en medio de la jungla enmarañada. Entre piratas, fantasmas y brujas: yo era una princesa, una princesa de verdad... o algo, cualquier cosa ante sus ojos.
El instante de magia desapareció cuando el carruaje metálico llegó. Y se perdió entre la multitud. Se fue, se esfumó.
Y así retornó a su reino, el muchacho dorado que vino de vacaciones a conocer una princesa de carne y hueso, a alguien quien compartiera el alma de la tierra y el corazón del viento.
Y solos, solos entre la multitud, de nuevo nos perdimos.

(Key West, Marzo del 2009)

sábado, 17 de abril de 2010

A: Diego Valenzuela. Calle de las Aldabas, 515. Lima . Perú

Hola
Tenía muchas ganas de escribirte. Te extrañé mucho.
Te extrañé a pesar de todo, sabes? A la risa desde adentro, las conversas intelectualonas, los discos antiguos, los cafés... todo.
Desde ese tiempo me he sentido un poco sola y triste. Fue muy duro para mí la muerte de Gabriel. Y sí, posiblemente vivían en fantasía: "un sueño de opio", como tu decías.
Y sí, posiblemente le llamaba diferente pero era porque quería evitar mencionar el nombre de su padre. Tú sabes bien por qué.
Que no fui buena madre no te lo niego. Gabriel era como un apéndice, algo ajeno pero propio. No lo entendía y tampoco quería entenderle. La pena es que se tuvo que enfermar para tenerlo cerca. Y tú y tu egocentrismo idiota que te hizo sentir celos, y ser irascible a sus berridos, a sus lágrimas, a su cuerpecito sonrosado, a sus pañales, a su olor a leche... No te diste cuenta que lo deje en un hospicio por tí? Yo no era buena madre y quería que me tuvieras sólo para tí y yo tenerte sólo para mí.
Te perdoné lo de Paola, porque siempre cada noche volvías a verme. Al principio pensaba que ella era sólo tu "chocolate con panetón"; pero cuando la navidad fue cada mes, y luego cada semana, tuve miedo a perderte. No entendía cómo ella, esa mujer flacuchenta, sin gracia y con aires de diva-sabelotodo, podía causar ese efecto perverso en tí. Es cierto, yo nunca leí tanto como tú (o ella) y que siempre tenía "un-libro-más-que-leer" pero podíamos aún así conversar por horas, recuerdas?, mientras mirabas mis faldas agitarse con el viento de las seis en el muelle, o mientras tomábamos café y mirabas mis rizos caer y yo veía tus ojos fijos en mil metros, perdidos y difusos; y creía que me amabas lejos de las paredes del empapelado cursi de florecitas del viejo hotel: ése que no sabíamos por qué diablos olía a galletas morocha.
Pero bien dijo alguien que nada es eternamente primavera. Y llegabas tarde, bañado, sin hambre, de mal humor y te recostabas a mi lado, ponías tu cabeza en mi pecho y entonces dormías largo y profundo. Entonces mis deseos intensos de querer fondearla desaparecían: total, tú estabas conmigo al final del día no?.
Tus amigos, mis amigos. Las eternas reunas nocturnas, unos buenos discos, conversaciones indefinidas, tu percepción de Paola, mi baile estrambótico... rincones llenos de todos.
Supe después de tiempo que para ese tiempo ya se habían dejado. Debía ser abril, no?
Recuerdo que fue mejor luego, hasta que Gabriel enfermó. nos quedamos sin un sol bajo una pieza machiembrada de arriba a abajo: tu cárcel...mi cárcel.
Entonces mi "humor infantil" y mi look fresa te irritaba ya... y Gabriel, y tus releídos libros, y tus hojas sueltas, y lo carcomido de la madera.
Y ahora que lo pienso, todo era una excusa: querías deshacerte de mí. y vaya que lo hiciste! Aún recuerdo ese día... Gabriel gritan-llorando, yo ensimismada en quitarle el vómito de encima mientras tu reclamabas silencio eterno. Y no se cómo pero te fuiste! Lo recuerdo como si fuera ayer, pero ya no duele. (por lo menos no tanto)
Y yo allí parada, frente a la puerta que dejaste abierta, con Gabriel en brazos y echa un desastre: sin dinero, sin amor, sin apoyo. Muchas gracias! Tus patadas me sabieron muy bien y en especial cuando Gabriel se murió. No tenía dinero para pagar el cajón y encima el casero que jodía con la renta que siempre pagabas pero nunca en físico.
Pedro me dijo que le preguntaste por mi, que le dijiste que me extrañabas pero era mejor así...
También me dijo que te tiró un trompazo y que te mandó al carajo por lo que me hiciste.
Ah! Supiste que me acosté con él? Sabías que siempre me quiso en secreto? él fue el primero en ayudarme... tu gran amigo, quién lo diría!
No sé por qué diablos me buscas ahora... después de haberme dejado de esa manera. Andate al único sitio donde te sabes ir: "al carajo!", tómate un café con cianuro y que te chanque el tren, el bus o lo que sea.
Esta babosa medio intelectual, de humor infantil y harto fresa te ha quitado de su vida hace mucho tiempo y de manera inevitable.
Hasta nunca (no sabes cuánto quería decir esto)

lunes, 12 de abril de 2010

Un deseo / Una obsesión

Y ella lo miró a los ojos y le dijo:
-"Quiero hacerte el amor ahora, de la manera más salvaje e instintiva con la que te lo hayan podido hacer."

El no la comprendía ahora.
Ahora él estaba en sus zapatos.
Ahora era él quien estaba en cero.

Ella lo seguía mirando fijamente, lejanamente...
y sus labios rojos decían casi murmurando:
"Te quiero a ti. Te quiero muchas horas para mí... todo un día si quieres... desnudo a mi costado, arriba, abajo, a los pies... doblegándote, susurrándo. Todo eso, ves?. To-do-e-so."

Sus labios rozaban los suyos
pegados hacia la pared.
Ella tenía el control, lo tenía hora
y eso lo volvía loco, lo estresaba.

Sus ojos bajaban. Sus manos dibujaban sus pechos.
Su fuerte perfume a manzanas le recordaban a la gloria de sus labios,
de su saliva dulce que ahora la podía oler.

Y ella estaba en su ser, tocaba su alma.

Quién era?, Qué quería?
Desierta. Su mente estaba desierta.
Sin una sola idea mas que la de su cuerpo, la de su ser,
tan frágil ahora en sus manos,
tan tierna ahora entre sus piernas.

Y sabía que ella jugaba.
Que le gustaba mucho jugar,
reir, bailar, cantar... hacerse daño:
El era su instrumento, su presa,
la cereza del helado que ella quería derretir.

-"No te me escapas"- parecía decir.
Su cabello caía de lado.
Conforme bajaba su cuerpo olía más fuerte,
más a flores, más a manzanas, más... a él.

Jugaba, se reía, se retorcía y susurraba.
Los rizos se mezclaban
y los colores de sus cuerpos se fundían
uno con el otro.

El miedo desaparecía
los ojos se encontraban
las palabras se atropellaban
y las manos sobraban.

La música de fondo dejó de sonar.
Ahora bailaban el ritmo frenético dictado por sus cuerpos,
de melodía tortuosa para ella
de melodía cálida para él.

(27/2/10)