martes, 17 de febrero de 2009

Nada

La nada me dejó su olor impregnado cuando se fue de aquí. Recuerdo que solía gemir de miedo por las noches mientras decía dormir. Yo acariciaba sus cabellos, hacia nudos con ellos creyendo ilusamente que le adormecería.

Un rayo de luz se colaba por la ventana... entraba y dibujaba cosas perversas sobre su cuerpo desnudo tendido cerca del mio. Le perseguia con el rabillo del dedo hasta el amanecer...

La nada nunca comprendió el motivo de mis desvelos porque nunca se los preguntó de verdad.
Digamos que vivía en una burbuja de papel de arroz que a veces también fumaba.

Problemática la nada.

Misteriosa la nada.

Sembraba miedo con su mirada seria... nunca se quitaba la armadura negra. Supongo que así adquirio el color negro de su alma y el sabor amargo de su corazón.

La nada era todo...

Telegrama sin costo de envío

Vamos a decirles a todos que esto fue una ilusión... óptica.
Que nunca nos conocimos, que nunca nos vimos.
Que recuerdo (o recordamos, no lo sé..) a la simple nada. A su olor, a su piel...
la nada.